
Definitivamente la mejor de todas. No sé cuántas cuecas he bailado en mi vida. Quizás hayan sido 516 y por eso haya decidido darme ese regalo.
Sin expectativas de gran tipo me acerqué a las graderías por que quería observar. Hacía frío y el lugar parecía cada vez más vacío. Los efectos del alcohol en muchos eran evidentes. Me dolía la guata. Eso no es una novedad. La piña colada tiene crema y soy intolerante a la lactosa. Insoportable a la suavidad, a lo espumoso, aunque trate de disimularlo. Después siempre sufro. Me gustaba la banda que tocaba, me gustaba ver a los adolescentes que parecían interesarse por algo más que el mundo virtual. Algunos bailaban muy bien. Y me dejaba sorprender por nuevos pasos.
Nos sacaron a bailar. Teníamos pinta de solteras. Aunque sólo una de nosotras lo es. Eso que irradia la mujer que observa hacia afuera... No a lo que tiene al lado. Y me sentí alegre. Ellos me estaban enseñando a través de la simple transparencia de su entrega. Fue una, fueron dos, fueron cinco. Me iba cansada a sentar. Ya empezaba a amanecer. En el trayecto me tomó la mano y me dijo: Ya me tengo que ir... pero podría bailar esta última cueca contigo? No me atreví a decir que no, a fin de cuentas sería sólo una.
Y fue la mejor de todas. Definitivamente la mejor bailada. No la sentía pasar, como si el momento quisiera repetirse mil veces. Comprendí esa naturaleza que no me abandona y me hizo feliz mientras nos comunicábamos y conocíamos. Fue bueno.
Me dijo gracias!, me voy enormemente agradecido de haber bailado la cueca nº 516 contigo.
P.P.



