Cuando leí a la Marguerite Duras escribiendo acerca del dolor, en su novela del mismo nombre, comprendí que como el miedo y el amor, el dolor es una experiencia profunda, insondable, desgarradora.
He vivido dolores inminentes, de esos que impiden ver con claridad, que apretan la garganta y se llevan el habla, que estrujan el corazón. Como una bomba atómica que estalla adentro, que arrasa con todo lo que era uno y que contiene un zumbido ensordecedor, que desintegra la capacidad de comprender la configuración de mundo que teníamos hasta antes de ese momento. No hay calma posible, ni consuelo coherente.
He vivido también dolores que no hacen caer hasta el fondo, pero que se arrastran con el tiempo y duran años y años. Parecen irreconciliables con el perdón o con el olvido. Se han anidado cómodamente en un lugar de nuestro yo y aunque pareciera que les damos menos importancia, porque no son tan demandantes como los dolores inminentes, prefieren ser menos egoístas pero sin renunciar a abandonarnos.
No sé cuál de los dos es más terrible, cuál menos deseado. Lo que sí sé después de haberlos vivido y de vivirlos a ambos, es que están llenos de aprendizajes. El dolor inminente es una muerte. Con olor a muerte y muchos días de ausencia de luz, de desamparo y desolación.
¿Dónde está el equilibrio de esto? Justo en el momento en que "ya no se puede aguantar más", aparece la fe, está Dios. Que será quien nos da la contención que tanto buscábamos y nos devolverá paso a paso al sentido. Nos dará otra vida dentro del continuo en que accionamos. Un nacimiento.
Y esos dolores estiraaados en el tiempo, nos dan lecciones pequeñas cada cierto tiempo. Son la dosis permanente de humanidad, pues todo crecimiento contiene una cuota de dolor.
El dolor nos desconfigura el entendimiento para reformular, para comenzar otro capítulo de nuestra biografía, para llenar de colores las imágenes de nuestra historia, para levantar del plano nuestras formas, para empatizar con los demás y comprenderlos, para reencontrarnos con la esencia de estar vivos. El dolor también como vida, bella, plenty of love...