lunes, 7 de septiembre de 2009

There was fall and there comes rise


Creo que el otoño recién pasado y parte del invierno que aún no termina, fueron una reflexión profunda al dónde estoy y para qué estoy. Vaya!. Son respuestas que volveré a encontrar una y mil veces, porque el cambio es parte de la vida, aunque duela. Lo mejor de todo este cuento es que, luego de que lo que se revuelve toma un aspecto homogéneo, las cosas se ponen de colores. Y la fe nos moviliza y nos ayuda a mirar desde un peldaño más arriba, ya sea más cerca del fin o camino al cielo, como si todo esto se tratara de emprender el vuelo a la muerte. Sin verlo como algo feo. Comprendiéndolo como un ascenso, como evolución.

Y a mi corto pasar quiero decir G R A C I A S. Porque he tenido salud para llevar a cabo muchísimos planes. Porque he recibido tantas cosas de mi familia y amigos. Porque he tenido el tiempo y la sensibilidad para atesorar los detalles que hacen que la vida se llene de sentido. Porque nunca imaginé que podía amar tanto y dar hasta sentir que desaparecía. Por querer seguir aprendiendo siempre y para siempre. Por no responder al qué soy... pues eso ya lo tengo claro. Y quizás no es lo mejor que uno se espera de sí misma, pero es lo que está y no me caben dudas de que siempre puede crecer.

Así que aquí soy. Aprendiendo a disfrutar los momentos. Las horas, como la Sra. Dalloway, como Virginia que de tantas vidas se pasó a la muerte más arrojada. De una forma cruel, pero llena de determinación. Cuando leo a sus mujeres, veo que están llenas. Y vale la pena. Llenas de alegría o de dolor, pero llenas. Vivas.


Siempre anticipo lo que escribiré con alguna frase... Nunca resulta como la visualicé. Lo bueno es que después de escribir siento como si hubiera bailado una canción, o nadado dos mil metros, o visto una obra de teatro. En fin, se siente bien.


Lucy.

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