Otoño, otoño que se lleva las hojas de la primavera pasada. Otoño que barre lo viejo, que limpia los escombros del remezón pasado. Espero que ayudes a limpiar el dolor de los que sufren y traigas la limpieza total para el invierno. Sería bueno que miráramos hacia adentro y permitiéramos ese barrido interno, dejarnos atravesar sin resistencias por esta caída que cierra un período y anuncia un comienzo. Los principios y los finales suelen ser inolvidables, el resto es relleno. Se alimentan de la cotidianeidad que cuesta digerir con capacidad para sorprenderse.
Pero este otoño trae cambios interesantes. Año de tigres. De arrojo y confesiones. Porque se abre el camino para que así sea. Porque el público lo está pidiendo, porque el universo ordena y desordena de acuerdo a sus necesidades y ahí quedamos las personas, los animales, las plantas, los árboles, los ríos, los elementos. En un caos rítmico, infinito que se ordena y desordena, dialéctico, contradictorio, paradójico, la antítesis de sí mismo.
Entonces mejor disfrutar del espectáculo y actuar cuando corresponda, disfrutándolo, texto a texto, emoción a emoción, contacto a contacto, diálogo a diálogo y silencio a silencio. En ese ritmo me quedo. Ahí nos instalamos y nos abrazamos, así es más rico, mientras pasa el frío. Siempre es hoy y siempre es mejor. Ese es el regalo. Yeah!
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