
Qué nos queda por decir! Tecleo una palabra, presiono enter y me encuentro con el mundo a mis manos a sólo milésimas de segundos desde que decido hacerlo.
Cómo no sentirnos abrumados, cómo no desesperarse por querer contener un pedacito de la gigantesca torta que a diario se agranda. Quizás se trate de que se avecinan tiempos mejores, de que podremos desprendernos del sentido de pertenencia... tan común en todo ámbito de la vida, pero tan ingenuo si consideramos que todo se apaga en algún momento. Puede ser que las generaciones nuevas lo traen en su disco duro y comprenden intrínsecamente esta dinámica, por eso fluyen dentro del mundo virtual, recreándolo y multiplicando conexiones a cada instante.
No puedo acostumbrarme del todo a eso. Soy una egoísta desconsiderada. Me gusta sentir que algunas cosas me pertenecen, que poseo para así tener algo que haga concreto lo incierto de este mundo. Mi familia, amigos, mi pareja, mis trunfos y derrotas. Me falta ser madre. Creo que esa es la demostración máxima de pertenencia. El amor más incondicional y el egoísmo más despiadado. Eso sonó extraño.
En fin, cualquiera comprende el fondo del asunto.
Hoy más encima las tiendas comerciales nos ofrecen cosas que nos pertenezcan, una infinidad. Un lugar sin límites para seguir cultivando el sentido de pertenencia, o la búsqueda de autoría, tan escasa a estas alturas de globalización.
Una pincelada de descontento,
Lucy
1 comentario:
cuando logremos una auto soberania seremos libres
y volveremos al origen
al continente negro
S.A
Publicar un comentario