Desde antes de que se escuchen las llaves desde afuera de la casa, la escucho hablar. Es una personita que no mide más de 1,10 mt. Pregunta que si se come las verduras verdes, tendrá el poder de Bellota. Le responden que sí. Y empieza a saltar y canta una melodía que no obedece a ritmo, ni letra comprensible. Oigo sus pasos rápidos y llenos de energía, atravesar la casa. Llega al patio y entra a curiosear a mi pieza. Le gusta hacerlo cuando no estoy. Se encuentra conmigo y me pregunta: ¿Qué es ese olor? Le cuento que es de la pintura. Pinto mi clóset. Se queda mirándome y algo le parece extraño. Me pregunta por la música. Le cuento que escucho a Coldplay. Con eso se queda conforme. Vuelve a mirarme y guarda silencio.
¿Por qué me miras?- le digo.
Se queda en silencio. Algo dentro de su cabecita no es coherente. La veo inquietarse.
¿Es por que lloro?- le pregunto
Asiente con una mezcla de curiosidad y miedo. Finalmente se atreve:
¿Por qué lloras?-dice
Porque tengo pena- le contesto
¿Y por qué tienes pena?- insiste
Por que me siento sola- sonrío
Pone ambas manos en su cintura. Frunce el ceño que la caracteriza cuando sabe algo con tanta claridad y con su vocecita de dibujo animado, me dice:
¿ Y yo qué soy?
Me acerco y ella me abraza. Es pequenísima, pero en ese momento su abrazo es gigante y sólo puedo entregarme, dejar de llorar (aunque su respuesta sabia haya conmovido hasta el último rincón de mi sensiblidad) y disfrutar del cariño de mi sobrina adorada.
Lucy
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