Amo las galletas de pastelería. En mi actual estudio de las emociones, he descubierto que mi felicidad se encuentra en una bolsa de papel café, llena de esas masitas dulces, de diferentes sabores y aromas, todas diferentes, artesanales y repletas de sabor. Hasta el trabajo es agradable frente a su presencia.
Bueno, en realidad el trabajo no es algo que detesto por ahora. De hecho me gusta. Me siento creativa, reflexiva, renovada. Creo que he aprendido tantísimo de las personas últimamente. Aunque eso no quita que cada cierto tiempo no sienta lo que Chris Martin describe a la perfección en lo que compone. Por eso lo amo. Cual quinceañera que llena su pieza con imágenes de sus ídolos mediáticos. Quinceañera que deambula por estados de ánimo extremos, por que aún no define los límites de su comportamiento, una borderline en potencia, pero que estudia hasta el cansancio para conocerse a través de todo lo que llega a sí misma.
Y sí. Cada vez más cerca de mí misma. Reconfigurada. Resemantizada. Revalorada. Re-creada. Realista. Resiliente?. Mmm, no lo sé, pero aspiro aprenderlo. Como todo en la vida. Y mi mejor película? Quizás la misma que la tuya. También he aprendido de ti aunque no lo demuestre. Aunque no haya tenido la agudeza para decirlo en ese momento. Aunque parezca que me escondo a veces. Quizás no esté claro cómo te registres en mi memoria, pero ahora estás y es más agradable agregarle un café a mi bolsa de galletas.
Lucy.
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