Hay días buenos en la vida de uno. Esos en que uno está simplemente bien. En que las cosas tienen sentido, en que se ve a personas agradables que te suben el ánimo y se trabaja con otras de manera sinergista. Qué ganas de que todos los días tuvieran un poquito de eso!
A veces nos cuesta tanto superar el mal genio y la idiotez. Veo muchas caras apagadas a diario. Miran el suelo y se golpean porque no se dan cuenta quién camina a su lado. Detestan el olor del otro después de una jornada de trabajo, e incluso les molesta la cercanía obligada, ese espacio que viola una y otra vez el otro en la hora punta del transporte público. Ok. Las condiciones no están para hablar de tranquilidad o antiestrés. Es difícil pensar en eso, dentro de un lugar que no soporta la idea de que de que tenga que existir la tolerancia.
Entonces cuando se tiene un día alegre, es un triunfo frente a la corriente abrumadora de ese ánimo gris. Y sí, hay cosas peores. En ese minuto digo, qué malagradecida, pero vamos! Soy un animal de costumbre. Anna Frank podía ver la belleza, incluso viviendo en las condiciones que todos saben que tenía. Parece que la capacidad de alegría está relacionada con la cantidad de dolor. Entonces las vidas planas son las peores? Porque no se distinguen los matices...
Eso da para otra entrada. Suficiente por hoy...
Lucy
No hay comentarios:
Publicar un comentario