sábado, 27 de noviembre de 2010

Esa mujer

Vivía con mi madre y mis tres hemanas en ese entonces. Tendría unos doce o trece años. Ya podía hacer mis compras personales y navideñas por mi cuenta. Mi papá y su sentido de la culpa por haber dejado a mi mamá sola a cargo de dos adolescentes, una niña y un bebé, hacían que mes a mes, en las visitas de los fines de semana, me diera una mesada que me permitía de vez en cuando, comprarme cosas que deslumbraran mi entendimiento. Recuerdo haber pasado horas en el supermercado mirando lápices, esquelas, juguetes (a pesar de mi vergüenza) y música. Recorría spec, fusión y la feria del disco, a veces. Me compré el cassette del unplugged de Nirvana y lo escuché tantas veces, que en mi radio "Where did you sleep last night?" se escuchaba de una manera diferente.
Uno de esos días en el super del barrio, que cada vez ensanchaba más aún sus límites, vi en una estantería a una mujer de piel blanquísima, con la mirada perdida, flotando sobre una piscina natural hecha a su medida, rodeada de flores y en un bosque que parecía propio. En ese mismo instante me acerqué, totalmente embobada por la presencia que ejercía la Ofelia de Millais sobre mí, y tomé el libro en mis manos. Miré la portada y absorbí todos sus detalles. Di vuelta el ejemplar, que decía:

"En la tercera hornacina del altar mayor, del lado del Evangelio, allí estaba la noticia. La lápida saltó en pedazos al primer golpe de la piocha, y una cabellera viva de un color de cobre intenso se derramó fuera de la cripta. El maestro de obra quiso sacarla completa con la ayuda de sus obreros, y cuanto más tiraban de ella más larga y abundante parecía, hasta que salieron las últimas hebras todavía prendidas a un cráneo de niña.
En la hornacina no quedó nada más que unos huesecillos menudos y dispersos, y en la lápida de cantería carcomida por el salitre sólo era legible un nombre sin apellidos: Sierva María de Todos los Ángeles. Extendida en el suelo, la cabellera espléndida medía veintidós metros con once centímetros." G.G.M.
Pensé que la mujer de la foto, era la misma de la historia...
Compré el libro y me lo leí en dos tardes.
Hasta varios años más, no descubrí que se trataba de personajes diferentes.
Con esa novela comenzó mi admiración por G.G. Márquez.

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