
Recibí el mejor de los regalos desde hace mucho tiempo. Uno de esos que vienen elegidos con pinzas, especialmente destinados para esa persona honrada. En este caso yo.
Los mejores regalos nunca son materiales. Las cosas tangibles suelen ser atractivas, luminosas y tentadoras, pero lo que he recibido es algo que no es equivalente a pesos. No se traduce a un valor en números.
Son esos pequeños grandes detalles que llenan el alma. He recibido una declaración de amor sin pretender serlo. Un acto de valentía de esos que no se olvidan.
Sentí la f r a g i l i d a d en todas sus letras.
Un momento peliculesco.
Como una buena película de amor... un momento bello. Eternamente recordable y lleno de contradicciones.
Me dieron ganas de hacerlo novela. De seguir contando otra historia desde ese comienzo o fin. Por que hay cosas en la vida que nos devuelven el sentido, que nos entregan el fruto de lo que hemos trabajado sin descanso. Cuando existe un objetivo más allá del hecho concreto, cuando la acción es un canal que revienta lo que se calla adentro, o lo que simplemente es incontenible.
Mmm...
Bueno,
para no caer en lo evidente y por que el lenguaje nuevamente traiciona el sentido, cuando las palabras han sido usadas por mucho tiempo, están sobrecargadas y probablemente mal recicladas. Por que quedan millones de historias por contar y la necesidad de una forma de contarlas.
Por ellas...
Por las historias.
Y mi regalo más preciado.
Lucy.
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