Es linda esta época. A pesar del calor insoportable. Hoy tuve un momento especial con un desconocido. Siempre se agradecen esas ocasiones. No son usuales y tienen carácter sorpresivo. Pude detener el tiempo y guardarlo en una bolita de cristal. Como las navideñas, en donde neva y la gente es feliz. Así. Un segundo de eternidad, contenido en el pasto, el sol, el agua...
En estos momentos, cualquier novedad es motivante. Cuando el futuro se avecina complejo y difuso. Cuando no hay claridad en los objetivos o los pronósticos, entonces el fluir es la constante. Flujo inconsistente y viscoso, ese que con el tiempo apesta, por que no es capaz de renovar su aspecto. Esa es la sensación. Comienza un nuevo proceso, otro momento. Ya se va otro año y el que llegará no tiene orden. Eso me aterra. No tengo a qué atenerme. Así se proyecta una línea no muy extensa pero una línea al fin y al cabo.
Hoy me cuesta dejar lo que hay y comenzar lo que viene. Es necesaria mucha energía y no sé por qué me siento tan cansada... o desesperanzada. Es el miedo el de ese color que me asusta y me deja la sensación de abulia, las ganas de solucionar trabajando para obtener un producto que decida por mí, y que venga con pilas recargables.
Hoy quiero un encuentro con ese desconocido futuro. Que me convide un pedacito de sus designios y comparta lo que me tiene preparado. Un momento de eternidad que me permita caminar sin muchas certezas, pero sabiendo que existe algo bajo mis pies. Eso es todo.
Lucy.
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