miércoles, 4 de noviembre de 2009

Sé que descansas en paz

Mañana se cumple un año desde que te fuiste. Siento como que fuera más tiempo y menos tiempo. Recuerdo la llamada que me anunció tu muerte y como el cuerpo se me paralizó. Eso lo siento como si fuera ayer, pero han pasado cosas desde entonces. De a poco olvido tu contorno, cómo te veías la última vez que nos vimos. No sabes cuánto te extraño. No sabes cuánto me gustaría tener una conversación contigo. De esas en que me hablabas de la vida y las cosas parecían simples y fáciles desde tus ojos. Tuviste un lindo pasar. Mi deseo es tener uno tan especial como el tuyo. Una muerte sin ruido.
¿Adónde te fuiste cuando te fuiste?¿Puedes mirarme ahora? Ya no hay secretos y espero que seas parte de la conciencia que me guía. Sé que me querías mucho. Yo también. Nadie se burló más de mi inocencia, ni de mis anécdotas que tú. Nadie se sintió más orgulloso en el mundo de mi presencia y nada más, ni me hizo avergonzarme tanto de su patudez y falta de cordura con el mundo. Sólo te dedicabas a ser feliz y yo no sabía comprenderlo. Sentí el calor del hogar en cada momento que estuve en tu casa y también sentí el dolor de tu ausencia ese día lleno de luz cuando llegué a esa casa y tú ya no estabas. No estabas, pero te recordaba en cada rincón.
Me hubiera gustado despedirme de ti frente a todos, pero no pude. Me hubiera gustado decir lo feliz que nos hiciste a todos y del ejemplo que me dejabas. De alguna forma te lo hice saber. A veces las palabras no contienen lo que está adentro.
No te has aparecido en mis sueños y te espero. Espero tus consejos que me devolvían el sentido. Quiero que me regales un poquito de tu fe para seguir, que con eso será más que suficiente, porque no conozco una más grande que la tuya. Que me lleves de la mano una vez más y me enseñes a comprender y a seguir riéndonos y comiendo hasta hartarnos.
Gracias por estar cuando mi papá no supo hacerlo. Por pelear por lo que creías con todo el corazón y por hacer una broma después, para que nos riéramos. Nunca me sentí más querida, ni más especial, ni tan feliz como en tus brazos, en tus historias, en tus recuerdos...
Hasta pronto abuelo.
Lucy

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