viernes, 8 de enero de 2010

IV.

Se resbala y da un tropezón, pero alcanza a evitar el planchón de una caída. No importa, piensa. Piensa. Siempre lo está haciendo. A veces se cansa. Está complicado con un asunto de la infancia. Una cuenta pendiente que hay que saldar. Sabe que existe una oportunidad que debe dejar de dilatar. Por lo menos, cree que ahora está todo más claro. Eso es bueno. Eso es buenísimo en realidad. Cuántos años de determinaciones erróneas. De dogmas pseudo inquebrantables. ¿Fueron completos en sí mismos en ese momento? Sí, si lo fueron. Él sabe que para construir su nuevo pensamiento, necesita encontrar esas claves que se perdieron en algún momento. No sabía que los años que apenas recuerda fuesen tan importantes. Cree tener sólo buenos recuerdos y da gracias a la vida por esa grandiosa capacidad de los seres humanos de embellecer lo pasado; sin embargo a medida que comienza a hacer el racontto, se da cuenta. Ahonda en su pasado. Sabe que le tomará tiempo. Que se encontrará con momentos de dolor y otros de mucha felicidad.
¿A cuánto material le deja acceder su voluntad, cuánta información se esconde en los pliegues de su desconocido cerebro? Teme de jaquearse a sí mismo. Ya lo ha hecho y por eso se sabe peligroso. Está cuerdo: siente que puede enloquecer, que no tiene el control.
Vuelve a tropezar. Esta vez se cae. Decide quedarse ahí, tirado en medio de la calle. Necesita de un respiro del sentido común. Para él ya es eso, una gran locura.
Lucy

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