jueves, 14 de enero de 2010

Para ti mamá

Primero que nada, quiero darte las gracias por darme la vida. Eso ya es un mérito. Recuerdo que mi apego a ti se fue diluyendo con el tiempo. Cuando se separaron con el papá, es como si hubieras desaparecido del mundo. Te nublaste tú y lógicamente me perdí yo. Y cuando reapareciste, eras una mujer fuerte, que se encargó de salir adelante a pesar de todo su dolor. Quise acompañarte, parece que no lo conseguí, porque cuando tienes la oportunidad reclamas mi ausencia o la comparas con el apoyo de la Sole.
Reconozco de ti muchos de mis valores. Soy una persona trabajadora y esforzada, y estoy segura que esas cosas las aprendí de ti. Fuiste responsable de mi adolescencia y detectaste mis falencias. Siempre de manera cumplidora. Eso lo agradezco también.
Cuando decidiste partir, por la salud de la Cata y la tuya también, yo empecé a crecer. Con el tiempo, me he dado cuenta de tus cualidades, de tus debilidades y de tus errores. Reclamo la falta de incondicionalidad, reclamo la sobreexigencia y la frialdad. No sé si tus vivencias te volvieron dura. Es probable. Lo triste, es que también te pusiste así con nosotras. Siempre he sentido que te debo, que lo que me entregaste es algo que te tengo que retribuir, porque a menudo lo recalcas. Y a veces siento ganas de hacerlo, pero esa manera fría de exigirlo me molesta. Tampoco me agrada que nos compares entre las hermanas, ya que nuestras diferencias son las que han consolidado la relación más sólida de lo que es esta familia Me gustaría verte más feliz, más entregada a la vida. Cuando te visito a veces te veo bien, pero la mayoría del tiempo estás molesta. Si te cuento que estoy feliz por algo que he hecho o he logrado, destacas lo negativo que eso tiene. Sé que mi profesión te parece insignificante, sé que crees que yo soy más que eso. Comprendo que hay amor en esa crítica, pero otras veces se me confunde con las ansias de reconocimiento que te dominan.
Tienes un carácter muy fuerte y lo sabes. Está bien para luchar contra el mundo externo, contra los problemas, pero no contra tus hijas. Cuando paso algún tiempo contigo, siento que empiezo a desaparecer. Tu personalidad tiende a anular la del que está cerca.
Me gustaría sentir tu cariño sin condiciones, sólo por el hecho de ser tu hija. Para poder confiar en ti y que así sepas realmente quién soy, porque no quiero privarte de mi mundo.
Espero ver que te reconcilias con el pasado, que abandonas el rencor que te controla y que abres tu corazón a las cosas lindas de la vida. Que dejas de pensar que te vamos a hacer daño y que encuentras la tranquilidad necesaria para disfrutar de los momentos.
Lucy.

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